OPINIÓN: Pedro Navarro |

José Luis Oltra no invitó a la sorpresa y se plantó en una antigua Condomina, que más de un nuevo quisiera, con el once esperado. En frente, el UCAM Murcia, equipo universitario con aroma romántico que invita a seguir creyendo en la vida de este deporte.

El duelo comenzó según lo esperado, un Córdoba que intenta llevar el peso del partido y ofrecer un juego más vistoso que en otras campañas. Un juego que comienza desde nuestra propia portería, Pawel una y otra vez se presentaba como opción de toque y desahogo para la zaga cordobesista, laterales ofensivos, extremos que defienden y delanteros que, por desgracia, no aparecen.

El domingo le faltó pegada a mi equipo ante uno de los rivales más dóciles que tendrá delante este año. Rodri tiraba constantemente desmarques, caía a una banda y otra, era ayudado por Alfaro y por un inconmensurable Juli que no escatimó ni una sola gota de sudor en el tintero. A las pruebas me remito, todo ello fue insuficiente y con la salida de Piovaccari poco iba a mejorar la situación.

Segunda parte, el encuentro amaga más emoción, pero queda en eso, en un amago, la intriga que acechaba a todos era el color elegido por los porteros para disputar el partido ya que su participación iba a ser, de momento, únicamente testimonial. Un gol olímpico por parte del conjunto local de las botas de su capitán y el desliz de nuestro cancerbero iban a hacer estallar las trompetas de guerra en la ciudad de los califas, trompetas que aminoraban su estruendo con el empate de Luso Delgado sobre la bocina

Equipo con corazón pero sin pólvora, con ideas pero sin inspiración, con un gran potencial pero sin gol. Empate a uno en Murcia, cuatro puntos en el casillero que tan sólo el viernes sabremos si, con el de ayer, estamos un punto más cerca del objetivo o dos más lejos.

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