OPINIÓN: Toni Cruz

Al Córdoba le pasa algo: sus finales de partidos suelen ser muy malos. Recuerdo que hace ya casi una década –cómo pasa el tiempo- se buscó en el coaching la explicación a los defectos de aquel equipo que entrenaba Paco Jémez. Un grupo que jugaba divinamente, pero que la pifiaba siempre justo antes del último silbido. Aquella dolencia se identifica en el discurso motivador como un problema de anclaje (o anchoring, para que suene más fetén). La teoría aludía a la  repetición de errores simplemente (resumiendo mucho) porque los profesionales no podían quitárselos de la cabeza cuando se encontraban en situaciones similares.

Hay otro término que acaso es menos científico, pero más futbolero. Es la zona Cesarini. Cesarini fue un futbolista ítalo argentino de los años treinta y cuarenta del siglo pasado que tenía la rara habilidad de marcar siempre en los minutos finales de los partidos. Según explica Borxa Logares en Sphera Sports: “Segnare in zona Cesarini es, en definitiva, jugárselo todo a la última carta. Abrir camino, señalar un recodo del tiempo en la sucesión de segundos que es el partido”.

Desconozco los motivos por los que sucede. Tal vez sea por agotamiento mental o físico, por estrés, por falta de atención o de tensión. Prefiero no creer que sea porque haya jugadores que se sientan insustituibles. Porque cuando uno piensa que no hay nadie que puede hacerlo mejor en un colectivo es cuando puede tener carta blanca para hacerlo mal.

Creo en la plantilla y creo en el técnico. Y creo que el caramelo que pueden echarse a la boca es tan dulce que van a mejorar ese problema de falta de lo que sea que le hace desperdiciar las rentas que tanto les cuesta conseguir. Entre otras cosas, porque ya han sido capaces de manejar muy bien los tiempos del partido a lo largo de otros tramos de la temporada.

Eso sí, sólo si mejoran en esa zona Cesarini el Córdoba subirá, porque… ¿se imaginan que nos jugamos el ascenso con estas mismas sensaciones y en un escenario similar al del 2014 en Las Palmas? Miedo me da pensarlo.

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